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CUENCA ACTUALIDAD Pedro López Ocaña dio inicio con su discurso al preludio festivo de la programación oficial preparada por el Ayuntamiento Tarancón para la Feria y Fiesta 2008. En el multitudinario acto celebrado en el Centro Escénico San Isidro, que finalizó con la actuación del grupo Arcipreste de Hita, también se impuso las bandas a la Corte de Honor e intervino el alcalde, Raúl Amores. “Como sabéis, el pregón es el rito inicial que nos invita a separar lo público de lo privado, permaneciendo el ánimo colectivo de reintegración en una sociedad de la que en ocasiones nos sentimos celosos y queremos eliminarla a nuestro paso”, dijo el primer edil. La fiesta tiene un arraigo innato en el hombre, añadió, “La acción de festejar es un acontecimiento espontáneo y colectivo que necesita siempre de dos ingredientes, la transgresión del orden, o cuanto menos la momentánea suspensión de las normas cotidianas, y la caída de la paradoja. Es decir, caer en el absurdo del humor sin sentido”. Pedro López Ocaña con su pregón, explicó Amores, es la voz de la ciudad, “Tiene que representar, además, la apertura de un tiempo de gracia, de indefinición social, donde no se pueden aplicar las pautas de conducta y se van a desarrollar aspectos lúdicos durante todo el ritual”. Esta población, aseguró el alcalde, no se define por sus infraestructuras ni por las cosas materiales que se han ido consiguiendo a lo largo del tiempo. “Tarancón no son cosas, no son casas ni plazas, Tarancón es sus gentes y sus sentimientos. La ciudad, como espacio público, es un lugar de convivencia, de tolerancia, donde las diferencias no acaban en conflictos irresolubles”.
“No valen infraestructuras ni esfuerzos importantes para el desarrollo de una ciudad”, todo ello es infructuoso si no existe “Predisposición colectiva para el cambio y para convertirnos en una gran ciudad, en aquella que queremos que sea el referente en Castilla – La Mancha. Y como está en todos y cada uno de vosotros, por eso os reclamo esa colaboración”, aseveró Raúl Amores. “Os invito a todos los vecinos de nuestra localidad a ir de la mano en este proyecto de ciudad, de futuro, que tiene que ser creado juntos, para responder a las aspiraciones y a los nuevos objetivos que nuestro entorno nos reclama”, concluyó. El primer edil tuvo palabras de cariño y ánimo, en virtud de los intensos días festivos que les esperaban, para las Majas de los barrios y los representantes Infantiles y de la Tercera Edad. También agradeció la labor totalmente altruista de la Comisión de Festejos, en especial del que fue su presidente durante una década hasta este último año, José Luis Sánchez, que ha dado el testigo a Ramón Moreno. Por su parte, el pregonero hizo un repaso de su niñez y juventud, aderezándolo con descripciones de una ciudad, la suya, que ha cambiado mucho desde entonces. “Recuerdo la plaza del Jesús, hoy de Castilla-La Mancha. Estaba frente a mi casa, y por las tardes era un hervidero de críos que acudían a jugar. Entonces se jugaba mucho y hasta sobrepasar la adolescencia. Juegos como el “rescate”, el “pañuelo”, “el hinque”, “la taba”, “el gua” “los trompos” y muchos más, se seleccionaban según edades y también según las fechas, pues cada estación tenía sus juegos. Y las chicas saltaban a “la comba” o a “la rayuela” o a juegos como “el corro”, que acompañaban con canciones”, dijo López Ocaña. Dos cines emblemáticos, el Parroquial y el Alcázar, han desaparecido hace muchos años, pero siguen vivos en el recuerdo de muchos taranconeros. El pregonero contó algunas de sus vivencias en estos espacios culturales, reflejo de una sociedad que disfrutaba de manera sencilla de la vida en tiempos difíciles: “Los domingos se pasaban paseando por zapatería y comprando un buen bolsillo de pipas y algún dulce en el carrillo del “Tío Chochero”, que nos surtía de golosinas, menos sofisticadas que las de hoy. Si podíamos, reservábamos un dinerillo para la entrada al cine Alcázar o al Parroquial, según cartelera. Y si no llegaban los “cuartos”, había que intentar la aventura de colarse aprovechando algún despiste del portero, colarse naturalmente, al “gallinero”, donde las entradas eran sin numerar y era más fácil encontrar un hueco donde sentarse a ver la película mientras dábamos cuenta de las golosinas y las pipas, pataleando cuando venían los buenos y hacían huir a los malos. Todo el cine era un crujir de pipas y las cáscaras caían desde los palcos al patio de butacas como una extraña nevada”. El paso de los años ha hecho que algunas zonas del Casco Antiguo de Tarancón se despoblaran, “en parte por la construcción del barrio de “el Congo”, que hizo que muchos vecinos dejasen su humilde casa en busca de otra mejor, y en parte también, por la emigración, que por aquellos años hizo que muchas familias buscaran un futuro mejor en las grandes ciudades, como Madrid o Valencia e incluso en el extranjero”, contó Pedro López Ocaña. En un rincón especial del corazón del pregonero ha quedado para siempre su experiencia en la Casa del Joven, con don Pedro Heras y don Mariano Ortega, “Nos aventuramos con el teatro, representando varias obras de Alejandro Casona, que era el autor preferido por Don Pedro, que para eso era el director. Creamos también un foro de debate, donde venían a darnos alguna charla personas conocidas por los sacerdotes y se finalizaba con un coloquio sobre lo oído. Uno de estos debates se salió de lo que entonces era políticamente correcto y motivó un rifi-rafe entre el Ayuntamiento y la Parroquia, que acabó con el cierre de la Casa del Joven”. Así que el grupo de amigos tuvo que buscar una alternativa, que se materializó en el Círculo Cultural Fernando Muñoz, “Uno de sus promotores fue Manuel González Bonilla, dueño del Hotel Polo, y tuvo la valentía de ceder sus salones como sede provisional del Círculo, siendo el lugar de tertulia habitual la barra del bar de la planta baja. El Circulo cultural estaba formado por la mezcla más heterogénea de personas que pueda imaginarse, estudiantes, empresarios, trabajadores, adolescentes, cincuentones y algún intelectual. Su primer presidente fue Manuel González Bonilla, y bajo su mandato se programaron innumerables actividades culturales: grupos de teatro, tertulias, conferencias, festivales, excursiones y como el momento político era la transición y nos lo pedía el cuerpo, se organizaron algunas conferencias a tal guisa, entre otros conferenciantes, asistieron Gil Robles y Enrique Barón, que entonces suponía rayar en la ilegalidad”. De aquellas inquietudes, continuó el pregonero, surgieron grupos como “Llave”, de teatro, que aún perdura; y el Péndola, dedicado a rescatar el folklore taranconero, algunos de sus componentes se integraron en el actual Caño Gordo. Pedro López Ocaña también hizo una semblanza de “Los nuevos tiempos”, en cuyo movimiento asociativo tuvo un papel esencial el fallecido José Antonio Sequí, responsable de la Casa de la Juventud, ubicada donde hoy está el Auditorio Municipal. Gracias al apoyo del Ayuntamiento desde que se instauró la democracia, a juicio de Pedro López Ocaña, “la semilla del asociacionismo sembrada en condiciones poco menos que precarias, florece hoy en multitud de asociaciones que nacen tuteladas, apoyadas, por un Ayuntamiento protector. Pero también sufrimos pérdidas irreparables, como el gran pintor Emiliano Lozano, que de alguna forma sigue entre nosotros a través del Museo que el Ayuntamiento ha creado con la obra cedida por su hijo, José Emiliano. También perdimos a José Ramírez Espada y a Demetria Leal, ambos poetas autodidactas, con los que siempre se contaba para la organización de actos culturales; así como Julián García (Zaca), presidente durante años de la Asociación de Festejos y gran animador cultural; y también falleció Julián Ocaña Peña, mi tío, promotor del instituto de Tarancón y doctor Honoris Causa por la Universidad Pontificia Salesiana”. Con respecto a las fiestas, el pregonero repasó las distintas ubicaciones que iban teniendo puestos y atracciones debido al empeño de cada Alcalde por encontrar el mejor de todos los espacios para una población que poco a poco crecía. Así se ha llegado hasta hoy, con el nuevo Parque Ferial, “Por sus calles desfila un río humano distinto al de entonces, compuesto por más de cuarenta nacionalidades, que son los inmigrantes que conviven con nosotros. El número de puestos se ha multiplicado, y por sus paseos se mezclan los olores a churros, pollo asado, embutidos… Todos ellos ofreciendo a los paseantes sus delicias. Al lado, se encuentra este magnífico Centro Escénico, con gran capacidad de público, donde hoy se celebra este acto, y dentro de sólo unos días se celebrarán actuaciones y conciertos que harán las delicias de los taranconeros, sin depender del tiempo, pues está cubierto y la Comisión de Festejos ya no tiene que preocuparse por una inoportuna lluvia que estropee el acto”. Finalmente Pedro López Ocaña miró hacia el futuro, “La ciudad tiene también dos magníficos polígonos industriales donde dar cabida a nuevas empresas que aportan nuevos puestos de trabajo y son garantía de futuro y progreso. Por otra parte, a la población llegarán dos nuevas autovías, la de Guadalajara-Tarancón y la de Ciudad Real-Tarancón, que junto a la ya existente y las que se encuentran en ejecución, harán de nuestro pueblo uno de los mejor comunicados de España, esperando que esto se traduzca en la creación de puestos de trabajo, en el crecimiento de nuestro pueblo no sólo en tamaño, sino también en servicios, mejoras de la accesibilidad para los que como yo, tenemos problemas de movilidad, dando lugar a una nueva ciudad más habitable y moderna”. Textos tomados del periódico online cuenca informacion. com
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